28/5/20255 min

Cuatro formas de NO trabajar para otros

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Santander X Explorer
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Da igual si eres freelance o una persona asalariada: trabajas para otros. Pero sabes que existe otra realidad y, además, te llama mucho la atención: ser tu propio jefe. No como te cuentan, sino teniendo el control sobre la forma de hacer las cosas y, aún más importante, sobre tu tiempo, el bien más valioso de todos. Es decir: quieres emprender para mejorar el mundo. Y también el tuyo, ya de paso.

Si hasta ahora no lo has intentado, quizá sea el momento. No insistiremos sobre las ventajas de probar sin riesgos en Santander X Explorer, arropado además por una comunidad que está ahí para apoyarte cuando lo necesitas. Más allá de eso, vamos a analizar las cuatro excusas más frecuentes para no emprender: te presentaremos las razones para que superes las dichosas creencias limitantes y te lances a la aventura que cambiará tu vida. 

“Ahora no tengo tiempo ni recursos”

Los famosos “no me da la vida” y “para eso hay que tener dinero” son la coartada número uno cuando no hay otros argumentos a mano. Pon atención:

  • Dinero: para comenzar a emprender, en el 95 % de los casos solo necesitas un ordenador, una conexión a internet y tu imaginación. Seguro que ya tienes las tres cosas, así que no hay que desembolsar nada. Cero.

  • Tiempo: no vamos a decirte que dejes tu trabajo a jornada completa o que desatiendas a tu familia, pero sí que priorices. Desengánchate de las redes sociales. Aparca, aunque sea de momento, la serie que estás viendo. Autoimponte una hora de trabajo para ti, todas las tardes, como si no hubiera nada más importante en el mundo (o casi). Te sorprenderá cuánto puede crecer algo a lo que dedicas un mínimo de forma constante. Y eventualmente, ese “plan B” te dará suficientes ingresos para decir adiós a tu empleo “seguro” (nótese la ironía, porque trabajar para una empresa tiene un futuro más incierto que algo que depende única y exclusivamente de ti).

  • Tip extra: no confundas no tener tiempo con no tener energía. En este caso, antes de lanzarte a tu proyecto, vas a tener que realizar un poco de “trabajo interior” para ir a por lo que quieres. Puedes empezar dando pasos muy pequeños, proponiéndote rutinas muy sencillas, pues será la mejor forma de que las mantengas. Esas metas pueden parecer insignificantes, pero siempre suman en la consecución de una victoria mayor. De hecho, es la forma para saber que cada decisión, cada esfuerzo, cuenta. Y también es una muy buena manera de no perder el tiempo en ideas grandilocuentes que no te ayudarán en tus objetivos a corto plazo.

“¿Qué pasa si nadie compra mi producto/servicio?”

Tener esta duda es lo más normal del mundo, pero puedes hacer dos cosas:

  • Asegúrate (en la medida de lo posible) de que venderás lo que ofreces. ¿Cómo? Ofreciendo a tus potenciales clientes algo que ya quieran comprar. Mantén el foco en lo que dará solución a sus problemas, en darles lo que necesitan, y eso te llevará donde quieres.

  • No huyas de este miedo. Al contrario; abrázalo como lo que es, algo totalmente normal, por lo que no significa nada. Esa duda te está paralizando y, en realidad, no estás en peligro. Nada horrible va a pasar cuando lances tu idea, así que ¡adelante!

“No soy un experto (y, además, hay muchos otros que sí)”

Esta excusa puede sabotearte de dos formas:

  • Haciéndote creer que el problema eres tú, que no serías capaz de venderte algo ni siquiera a ti mismo. Solución: a quien tienes que vender tu producto o servicio es a tus usuarios. Y ellos no están en tu cabeza; no conocen tus miedos o inseguridades. Lo único que han de saber es que vas a resolver uno (o varios) de sus pains. No necesitas revolucionar el mercado, sino ayudar a un grupo de personas con tu idea.

  • Haciéndote creer que todo tiene que estar perfecto antes de lanzarse. Solución: trabaja con lo que tengas, con lo que puedes hacer, en lugar de centrarte en lo que no puedes hacer. Si te enamoras de un producto o servicio que para ser llevado al mercado requiere herramientas o habilidades que no posees… estarás planeando tu fracaso.

“No suelo acabar lo que empiezo” 

Te estás poniendo palos en las ruedas antes de comenzar la marcha. Prueba a quitar capas de tu idea hasta que quede reducida a su mínima expresión (una mínima expresión que, eso sí, funcione). Y entonces, enfócate en ese proyecto más pequeño con todas tus fuerzas: un objetivo más sencillo te llevará a ver resultados enseguida. Además, siempre puedes añadir después, poco a poco, lo que quitaste previamente: nadie sabrá que esas ideas estaban ahí desde el principio. De hecho, tus clientes las percibirán como mejoras.

En definitiva…

Toma nota de estos tips para echarles un vistazo cada vez que te entren dudas:

  1. Sé realista sobre lo que puedes hacer y cuándo puedes hacerlo.

  2. Mantén en tu cabeza una imagen nítida del resultado final y de las razones por las que estás emprendiendo. Eso te ayudará a llegar antes a un producto que esté lo más cerca posible de un negocio rentable.

  3. Crea un sistema que te haga más sencillo trabajar que procrastinar (haz una lista de las cosas exactas que debes llevar a cabo, reserva horas específicas para el proyecto, deja todo listo para la siguiente sesión antes de cerrar la actual…).

  4. Da a tu “plan B” la misma consideración que a tu trabajo real.

 

Y, sobre todo, no te sientas culpable si las cosas no salen como pensabas, porque te llevará a la espiral de no intentarlo de nuevo. En lugar de eso, rodéate de una comunidad como la que encontrarás en Santander X Explorer, donde podrás validar (o no) tu idea sin riesgos. ¿Listo para ser el CEO de tu propia vida? 

Fuente: Stacking the bricks.

Foto de Andrew Neel en Unsplash.

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